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jueves, 15 de enero de 2015

Los ministros que no amaban a las mujeres

Por Martin Santivañez - Correo


Siempre hay que desconfiar de la incontinencia política. El incontinente político pertenece a la especie de los sicarios sin filtro, esos asesinos pródigos en generar problemas porque no meditan el calado de sus actos y palabras. La demagogia es un vicio peligroso porque se expande por todo el Estado. Ciertamente, es un vicio efectivo en el corto plazo, pero en el mediano y largo, los demagogos beben y hacen beber a los que sonríen con ellos la amarga cicuta de la decepción.
Nuestra historia está plagada de demagogos de antología, demagogos de exportación. Los ha habido de todas las raleas. Los unos, autoritarios. Los otros, populistas. Algunos de izquierda, otros de derecha. Todos peligrosos para la República. La demagogia efectista tiene un límite: carece de inteligencia y sentido de Estado. Un estadista evita la demagogia. Las mujeres y hombres que han construido países fuertes siempre han tenido un proyecto nacional reñido con el populismo. No nos engañemos. Hay una diferencia esencial entre lo popular y lo populista.
Por eso, si el demagogo encarna lo peor de un país (el machismo, la prepotencia sin el contrapeso de la auctoritas, el poder sin frenos morales), la demagogia, que deslumbra en un inicio, pronto muestra su entraña macabra y su ánimo vulgarizador. El estadista eleva o intenta elevar el nivel de la política hasta la seriedad. El demagogo aplana, cosifica, degrada y sonríe.
Querida Presidenta Nadine: ¿de verdad vas a unir tu destino a un pelele misógino? ¿Tan grandes son los flancos que vas a dejar a tus enemigos el 2016? Los hombres que no respetan a las mujeres, no respetan nada. Y no van a cambiar. El poder los empeora, profundiza sus vicios, maximiza sus taras. El ministro, tu ministro, tarde o temprano, te va a traicionar. Este es peor que la Trivelli: es ineficaz y tiene metralleta.

jueves, 8 de enero de 2015

El quinto, no matar


Por Martín Santivañez
Repugna especialmente al ser humano que abraza la trascendencia tener que contemplar cómo se banaliza lo más importante de la vida (la relación entre la criatura y el Creador) y, en su lugar, se desata la violencia más irracional, totalmente opuesta a lo que representa la auténtica religión: el logos, la solidaridad efectiva, la paz entre los hombres de buena voluntad.
Por eso, lo sucedido en París acontece cuando la Verdad religiosa, la forma más alta de conocimiento, es reemplazada por un fanatismo expansivo que rebaja cualquier atisbo de trascendencia hasta convertirla en un pretexto para la destrucción de un Occidente debilitado por el relativismo. No nos engañemos: existe una gran diferencia entre la religión construida por un puñado de mártires que nunca hicieron daño a nadie y el sucedáneo de los falsos profetas que solo aspiran a martirizar lo que queda de la Cristiandad.
No faltarán, por supuesto, los pregoneros del pensamiento progresista, los tontos útiles de siempre, dispuestos a ensayar en su fofa monserga alguna explicación sociológica al terrorismo islámico. O a minimizarlo. Tampoco escasearán los cobardes “activistas” de la posmodernidad que callarán en todos los idiomas, absteniéndose de condenar lo indefendible, aprovechando este episodio violento para dirigir su odio enfermizo al objetivo de siempre: la Iglesia de la que son apóstatas. La matanza de París y la persecución de los cristianos en Oriente comparten la misma raíz, el odio al cristianismo, la persecución a la religión que construyó la libertad de Occidente, una libertad que hoy, pobres ilusos, hemos hipotecado al rojo hedonismo y a la más absurda levedad.

martes, 6 de enero de 2015

Lima Quebrada




Correo Peru
Por Martín Santivañez

Mil quinientos cincuenta millones de deuda en contingencias por deudas y costos es el presente griego que deja el villaranismo a la capital. Un caballo de Troya quebrado e ineficaz vendría a ser la herencia de la “socialdemocracia moderna” que durante cuatro años convirtió a Lima en un parque temático de “construcción de ciudadanía”, una especie de mundo de teletubbies donde la gestión fue reemplazada por el sucedáneo vicioso de la ideología.
Indigna la opacidad, la oscuridad manifiesta con que ha trabajado el villaranismo las cuentas de Lima, sobre todo porque Susana Villarán se presentó durante todo su desastroso gobierno como el epítome de la transparencia, el ejemplo perfecto de la decencia, el faro impoluto de la virtud. Hoy sabemos bien que siempre hay que sospechar del fariseísmo político, de esos que juegan para la tribuna envolviéndose en el manto de la virtud. Predicar la virtud no es lo mismo que ejercerla. Y ante la nebulosa villaranista, ante la Costa Verde, frente a la quiebra de la Beneficencia, la destrucción de la obra pública y la incapacidad del Corredor Azul, todos los limeños tenemos derecho a sospechar y acusar.
La inflación de personal y gasto corriente que la izquierda ha provocado en Lima, calza perfectamente con el infantilismo político que caracteriza a los caviares. Ante tanta putrefacción y anarquía, Susana Villarán se equivoca si piensa que un supuesto retiro voluntario al cementerio político basta para purgar sus errores y excesos. Todo este desmadre de hechos objetivos y punibles amerita la más rigurosa investigación. La Lima quebrada no puede quedar impune. La Lima triunfante, la del 80% de rechazo a la peor gestión de nuestra historia metropolitana, bien merece una clara explicación.

CARACTERÍSTICAS DEL POPULISTA

En este vídeo podrás identificar al político populista con ejemplos de la vida real en la realidad peruana que por desgracia no ha tocado vi...