Por Angel Sanz
Blor "Re-imaginando"
En muchas ocasiones hemos visto charlas inspiradoras de deportistas o
ex deportistas que son utilizadas en el ámbito de la empresa como
ejemplo para motivar equipos o reafirmar mensajes que son exportables al
ámbito del rendimiento y la obtención de resultados.
El deporte
es una solución muy recurrente para este tipo de acciones porque genera
una simpatía especial, es el paradigma del alto rendimiento y por tanto
nos permite jugar con los extremos que es donde los argumentos se
entienden mejor. Además, el deporte tiene un idioma universal y un halo
inspiracional que permite captar la atención hasta de aquellos que no lo
practican.
Sin embargo, en estas últimas semanas me he
encontrado un par de casos en los que, lejos de apoyar la efectividad de
este tipo de iniciativas, plantean argumentos en los que invitan a
reconsiderar su sentido para directivos. El primero de ellos es
Tim Minchin que es un popular cómico, actor y músico australiano. Su
discurso de graduación para la promoción de 2013 de la University of Western Australia (UWA)
comienza explicando cómo le parcece ridículo que un montañero que ha
tenido una experiencia vital muy impactante en sus ascensos en la que se
ha dejado parte de su cuerpo y de su alma, tenga nada que aportar a un
equipo de ventas de una compañía de software. Cree que es más adecuado
que ese discurso se lo dé alguien que ha tenido una carrera exitosa en
ventas en lugar de una experiencia deportiva extrema.
Por otro lado, me encuentro
un post súper interesante de
Juan Ferrer escritor,
conferenciante y consultor especializado en la gestión del cambio en
organizaciones. En este post, Ferrer hace una reflexión brillante sobre
cómo el deporte no es empresa y la empresa no es deporte. Habla de cómo
hay algo en esas charlas de deportistas que le chirría y que le hace plantearse si el paralelismo tiene sentido. Para ello saca 7 puntos a debate:
1.- Al deportista le gusta su deporte. Al trabajador normalmente no le gusta su trabajo.
2.- En deporte, hay jugadores que cobran más que sus jefes. En la empresa nunca.
3.- En deporte hay que trabajar en equipo. En la empresa, pueden prevalecer intereses personales sobre los de la empresa.
4.- En deporte existe mayor tensión por resultados a corto plazo.
5.- La empresa sobrevive si es rentable. El deportista sobrevive si gana.
6.- La innovación es imprescindible en la empresa y no en el deporte.
7.- El ego del deportista no existe en la empresa.
En
el caso de Minchin, en un principio me nació un sentimiento de querer
rebatirle inmediatamente. ¿Cómo podía ser que este personaje hablara así
del deporte?. Pero luego seguí escuchando su discurso y descubrí dos
cosas: la primera es que, a esa promoción de licenciados les recomienda a
todos que hagan deporte. Que entiendan que lo necesitan para vivir,
disfrutar y ser lo mejor que puedan ser. Es más, dice
: "... intelectuales... vosotros estáis equivocados, ellos tienen razón".
Pues me parece un buen paso para entender que un deportista de élite
tiene algo que aportar para incorporar un mensaje inspirador de vida
saludable.
Pero más adelante, para explicar cómo es importante
mantener un alto nivel intelectual en las discusiones y que no todo es
discutir desde los posiciones opuestas, aplica una metáfora de dos
jugadores de tenis devolviéndose diferentes golpes maestros
perfectamente ejecutados desde el fondo de la pista. Vaya ironía ¿no?.
Renegar del deporte como herramienta formativa/inspiradora en el minuto
uno para utilizarlo como metáfora en el minuto 7. Es entonces cuando me
di cuenta de que este cómico simplemente menospreció el potencial
impacto del deporte con el único objetivo de conectar con una audiencia
de "intelectuales" a través de un chiste más o menos fácil. Así que no
lo decía en serio. Se lo perdono.
Por otro lado, aún tenemos el texto de Juan Ferrer con sus 7 puntos sobre los que me gustaría dar mi visión:
Es verdad que, en general, al deportista le gusta su deporte. Pero eso
es así normalmente hasta que el deportista se hace profesional.
Entonces, para mantenerse en lo más alto, lo que hay que hacer no es
tan divertido ni tan interesante. Y las motivaciones cambian importando
mucho los contratos, jugar más minutos, la competencia "mala", la
política interna, la fama, las críticas y la imagen. Si preguntas a la
mayoría de los deportistas de élite, te dirán que echan de menos la
época en la que se competía sólo por amor al deporte y no había ningún
otro interés. Y si los conoces, una de las cosas que te llama la
atención es que han "enfriado" su discurso sobre su profesión.
Lo del deportista profesional que está haciendo lo que más le gusta, es mucho menos común de lo que parece.
En el deporte hay jugadores que cobran más que sus jefes. En la empresa también.
Especialmente en el caso de puestos comerciales que tienen honorarios
variables. A mi personalmente me ha ocurrido y he sido testigo de muchos
casos parecidos. El trabajo en equipo funciona tanto en deporte como en
la empresa. Y que intereses personales se sobrepongan a los del equipo
también ocurre en el deporte igual que en la empresa. La diferencia es
realmente si se trabaja a largo plazo o a corto plazo. En deporte no se
puede ganar a corto plazo sin equipo, en la empresa sí se puede tener
resultados a corto sin el equipo. Sin embargo, a largo plazo, o se
trabaja en equipo o no se funciona en ninguno de los dos ámbitos.
Respecto
a la presión del corto plazo en el deporte versus la empresa, depende
de la referencia. Si el objetivo es ganar (como por ejemplo Real Madrid y
Barça en fútbol o en baloncesto) estoy de acuerdo, pero en el caso del
otro 99% de los otros equipos cuyo objetivo no es ése, el planteamiento
es similar al de cualquier compañía y tienen que
ser capaces de gestionar resultados y expectativas reales.
Es más, creo que el deportista es un claro ejemplo de cómo gestionar
adecuadamente la derrota ya que fracasa muchas más veces que tiene
éxito.
El post afirma que la innovación no es importante en el
deporte y sí en la empresa. Mi experiencia es más bien la contraria. La
evolución del deporte ha sido espectacular no sólo por la adaptación a
los avances tecnológicos, biomecánicos, nutricionales y metodologías de
entrenamiento sino que van mucho más allá en los avances de
entrenamientos mentales y de gestión de personas. Es más, hoy en día,
sólo
aquellos deportistas de élite que son capaces de integrar esto en su
día a día, son los que consiguen dar el salto de calidad en sus
resultados.
Por último, el ego. Existe el impacto del
ego del deportistas y existe en la empresa. La diferencia es que el ego
en el deportista se intenta capitalizar utilizándolo para obtener
resultados personales mientras que en la empresa sólo vale el resultado
de la compañía. Se dice que el gran campeón siempre es un poco egoista y
tiene la "mirada asesina". En el ámbito de la empresa, es lo mismo. Se
va a por el resultado y el bonus. Lo importante es asegurarse que esas
estructuras de remuneración o beneficios estén alineados con los
intereses de la compañía. Al final,
esa foto funcionará si no perjudica a los resultados de los demás y de la compañía. Igual que en el deporte.
Preguntaba Ferrer al final de su post,
"¿podrían los directivos dar clases a deportistas sobre cómo gestionar sus equipos?". Mi respuesta es que
indiscutiblemente sí. Dicho esto,
¿todo lo del deporte es exportable a la empresa o toda la empresa exportable al deporte?. La respuesta es que no.
Pero ambas son fuentes de las que pueden beber para captar esencia y
conceptos que funcionan, que innovan, que inspiran y que se trasladan
con mucha claridad.
Como siempre, esto
es una cuestión de personas.
Hay buenos deportistas que comunican fatal y buenos directivos que no
son capaces de trasladar su entorno a otro ámbito. Un directivo que no
tenga noción del deporte o un deportista que no tenga noción del mundo
empresarial tendrán muchas dificultades a la hora de aterrizar un
mensaje útil, claro y eficiente y
dependerán de que el receptor del mensaje tenga la capacidad de integrarlo en su día a día.
Cuanto más sepa un mundo del otro, más se podrán aprovechar mutuamente.
Hoy en día existe un desequilibrio y es más sencillo aterrizar el
mensaje deportivo en la empresa que el empresarial en el deporte.
Porque parece que todos sabemos de deporte, pero no todos sabemos de
empresa. Pero eso también cambiará, porque
cada vez entenderemos mejor que la empresa son las personas.