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viernes, 1 de mayo de 2015

El mundo al revés

Por Juan Diego Tobón Lotero

Érase una vez un país en donde las personas usaban sus autos para dormir y sus casas para trabajar; las empresas eran sus hogares y para desplazarse de un lugar a otro, utilizaban las palmas de las manos. La noche servía para las actividades de vigilia y el día era utilizado para dormir. La ropa la usaban para bañarse y vivían desnudos y sin ningún tipo de adorno en sus cuerpos. Morían en la niñez y nacían siendo viejos; lo que sentían lo expresaban y lo que pensaban era castigado de manera muy severa. Privilegiaban el sentimiento sobre la razón y era el sentido común y no la ciencia, lo que les permitía tomar decisiones sobre su vida cotidiana. Lloraban cuando estaban alegres y reían cuando estaban tristes; cenaban al levantarse y desayunaban una vez iba a finalizar su actividad diaria.

Lo anterior puede parecer absurdo e irreal, pero no está alejado de la realidad de nuestro país. Con la muerte rondando las calles; con la inseguridad como el pan de cada día; con los atropellos de las autoridades; con la corrupción en los funcionarios del Estado, con la desidia de los ciudadanos y con el abandono y la muerte violenta de tantos niños y niñas, pareciera que en Colombia viviéramos con el mundo al revés. Aunque frente a ello podrían identificarse múltiples alternativas de comprensión, una de ellas podría estar ligada al proceso de adquisición, desarrollo y asimilación de las pautas éticas que permiten que las personas prioricen el bienestar colectivo sobre el individual; es allí donde parece que algo ha fallado o que algo se ha extraviado en nuestra construcción social.

Podría decirse que la vida cotidiana cobra sentido cuando se pueden integrar los asuntos más profundos con los más triviales, las experiencias más significativas y trascendentes con las más pasajeras, y donde la tensión entre los opuestos se convierte en uno de los retos más importantes para la existencia. Sin embargo, cuando en una sociedad lo banal y lo ligero se imponen, la vida comienza a tomar un sentido diferente, e incluso realidades tan complejas como la desigualdad, la violencia y la muerte, se naturalizan y se convierten en temas que a nadie le interesan y que simplemente, se convierten en paisaje.

El asesinato de cuatro niños de 4, 10, 14 y 17 años de edad en el Departamento de Caquetá durante la primera semana de febrero de 2015, y la mínima movilización social que ello despertó, ratifican lo planteado anteriormente. Una tragedia como esa, habría de generar en el país no sólo repudio sino respuestas de todas las instancias públicas y privadas, y tendría que detener el transcurrir de la cotidianidad de la nación y de sus ciudadanos. Sin embargo, más allá de los titulares de los noticieros y de la oportunidad amarillista de brindar detalles sobre su muerte, no se identifican alternativas tendientes a movilizar la opinión pública y generar reflexión sobre la violencia que se ensaña con los campos y las ciudades. La muerte de estos cuatro niños no puede ser exclusivamente un tema de redes sociales o de repudio a través de imágenes a las cuales se les da like o se les hace retweet. Ello debería poner en jaque nuestra posibilidad de pensarnos como una nación viable y como un lugar en el cual el respeto por la vida, la priorización del bien común sobre el bien individual, y el cuidado y defensa de los niños y las niñas, tienen poco sentido y se convierten en preguntas de segundo orden.

Mientras tanto, sigamos movilizándonos por los bombardeos en la Franja de Gaza, por la situación de inestabilidad en Venezuela y por la muerte de los caricaturistas en París, o para no angustiarnos mucho más de lo necesario, hagamos carteles deseándole a James su pronta recuperación de su cirugía o felicitando a nuestra nueva Miss Universo por su título. Que la sangre y la muerte en nuestras calles y en nuestros campos no nos quiten el sueño pero que el destino de nuestras reinas, actores y futbolistas, nos pongan a contar ovejas y a apretar los dientes. Ese es nuestro país en muchos momentos; una nación con unos ciudadanos que vivimos y construimos, un mundo al revés.


sábado, 30 de agosto de 2014

El enojo de Lagos y Piñera

"El ministro Elizalde comparó ambas intervenciones, señalando que Lagos piensa en el futuro del país y Piñera en sí mismo. Ello es falso. Ambos piensan en ambas cosas. Y la paradoja es que el diagnóstico terminó siendo bastante similar..."


Por Francisco Jose Covarrubias

Uno es abogado, el otro economista. Uno se doctoró en Duke, el otro en Harvard. Uno se opuso a Pinochet, el otro también. Uno es famoso por su dedo, el otro por su billetera. Uno fue uno de los mejores presidentes de la historia de Chile. El otro también. Uno parece haber colgado la banda definitivamente, el otro parece tenerla lista para ser usada. Uno es Lagos, el otro es Piñera.

La paradoja del destino hace que, en menos de una semana, hayan salido los dos a hablar y que ambos hayan criticado el estado de situación actual. Piñera en forma frontal y algo tosca. Lagos solapadamente y de forma elegante.

Como era de esperar, la reacción de La Moneda tuvo que ser distinta, pero terminó siendo completamente incoherente, además de agresiva.

Cuando Piñera dijo que "hay que recuperar una mayor sensatez y moderación en la forma de implementar las reformas", Peñailillo le salió al paso. Y en una reacción -orquestada en el segundo piso de La Moneda- se inventó la "institución de los ex presidentes", tratando de establecer que los ex mandatarios solo pueden hablar de los "grandes temas" y el resto del tiempo escribir memorias, tener un rol decorativo o jugar canastas.

Lo que está claro es que Peñailillo no ayudó a cuidar esa "institución". Cuando dice que Piñera "dejó la economía a la baja", "destruyó la salud pública", "no cumplió nada su agenda antidelincuencia" y "destruyó las instituciones", no solamente está respondiendo con una bomba atómica un pequeño disparo, sino que está derechamente distorsionando la realidad.

Pero nadie podía imaginar lo que ocurriría una vez terminado el exabrupto con Piñera. Lagos fue a CasaPiedra -uno de los estadios donde mejor juega- y levantó la voz. Durante 51 minutos no voló ni una mosca. No habló de las relaciones internacionales del país ni de la pobreza en África (como probablemente le habría gustado a La Moneda), sino que llegó hasta las casetas de cobro del camino a Valparaíso. Es decir, la "institución de los ex presidentes" preocupada por cómo los automovilistas pagan sus peajes. Pero Lagos no se quedó ahí. Si se descifra lo que dijo en Icare, se obtiene una crítica tan frontal y tan de fondo como la que había dicho Piñera pocos días antes.

Cuando Lagos dice "que todo aquello que es concesionable, se concesione; que todo aquello que sea financiable por privados se libere", ¿qué habrá pensado doña Helia, que con orgullo sepultó las concesiones hospitalarias, para evitar el lucro en la salud?

Cuando Lagos dice, por ejemplo, que las universidades chilenas deberían tener más alumnos extranjeros porque "caramba que es buen negocio recibir estudiantes extranjeros en las universidades", citando lo que pagan estos estudiantes en distintos países, ¿qué habrá pensado Eyzaguirre sobre sus patines, que considera la búsqueda de ganancias en la educación como algo espurio?

Cuando Lagos dice "se construye sobre los hombros del que lo antecedió. No descubramos cada vez el Mediterráneo. Tratemos de mantener una línea larga en el tiempo que nos permita mantener el tranco". ¿Que habrá pensado Quintana, Navarro, Teillier, Girardi y su retroexcavadora?

En fin, cuando dice "aquí falta decisión política", ¿qué habrá pensado Bachelet?

Elizalde comparó ambas intervenciones, señalando que Lagos piensa en el futuro del país y Piñera en sí mismo. Ello es falso. Ambos piensan en ambas cosas. Y la paradoja es que el diagnóstico terminó siendo bastante similar.

Hay que recordar lo que señaló un político español que todavía vive: "La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas". Y los ex presidentes no solo tienen el derecho, sino que también el deber de hablar. Otra cosa es si les conviene hacerlo.

La borrachera de la Nueva Mayoría de querer -en vez de hacer cambios graduales- destruir los cimientos de lo construido en los últimos 30 años; la utopía de pretender que la ingeniería social puede corregir todo los males del país; la ilusión de pretender que los privados seguirán invirtiendo como si nada, pese a las permanentes amenazas de pateaduras; tiene al país al filo de la recesión.

Quizás no estaría mal que vuelvan a escuchar en La Moneda S/N -aunque sea con la luz apagada y con el volumen bajo- lo dicho por Lagos y Piñera en los últimos días. Probablemente, serviría para los próximos 3 años.

Quizás no estaría mal volver a tener en la Moneda S/N a Lagos o a Piñera en 2018. Probablemente serviría para los próximos 30 años.

Comunistas y compañeros de ruta

Señor Director:

Los compañeros de ruta de los comunistas -entre los cuales debe ser considerado el señor Percival Cowley por los méritos acumulados durante décadas- han sido desde los años 30 la punta de lanza para intentar descalificar a quienes desenmascaramos a sus mentores.

Si hay algo que descoloca a los comunistas es la persistencia de unos pocos para insistir en los defectos de su ideología y en los crímenes cometidos en el mundo entero. Tratan, entonces, de desvirtuar nuestras críticas con la suposición del odio. No argumentan, porque no les cabe en la cabeza que el terror que habitualmente utilizan no haya sido eficaz con todos y cada uno de sus detractores. Nos suponen el odio, justamente, quienes lo han sembrado y cultivado; buscan así anular nuestra legítima decisión de ayudarlos a entenderse a sí mismos.

Es lo que ha hecho, una vez más conmigo, el señor Cowley. No hay un argumento respecto de mi columna en su carta: simplemente se expresa la perplejidad de seguir encontrándose con quienes conocen bien el accionar comunista.

Al respecto, puedo darle una mala noticia al señor Cowley. Mientras tenga fuerzas y oportunidades, seguiré mostrando la perversión intrínseca del comunismo bajo cualquiera de sus formas, así como la ingenuidad notable de sus compañeros de ruta, incluyendo a quienes asumen esa condición desde la investidura religiosa.

Gonzalo Rojas Sánchez

domingo, 24 de agosto de 2014

Escribir para el elogio

DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ


Algunas empresas son antipáticas por naturaleza. Nos prestan servicios esenciales, pero no nos caen bien. No podemos vivir sin electricidad pero detestamos a unas compañías eléctricas que nos suscitan el mismo rechazo que las suministradoras del agua corriente o las petroleras que nos permiten movernos en nuestros coches o viajar en el transporte público. Podemos afirmar lo mismo de las grandes corporaciones internacionales. Desde las que venden comida rápida o refrescos, hasta las que nos guardan el dinero que nos sobra o nos prestan el capital que precisamos para lo que sea; al menos cuando teníamos necesidad de guardar ahorros o había posibilidad de conseguir un crédito.

Al capitalista desde siempre se le ha visto como un individuo que explota al trabajador. Ha sido así desde los tiempos de la revolución industrial aunque con un acotamiento necesario: sin capital no hubiese habido trabajo para los mineros de Gales del Sur -por ejemplo- y su vida habría sido aún más paupérrima que la descrita por Ken Follett en "La caída de los gigantes". Follett no está arropado por la intelectualidad literaria. La crítica tacha lo que escribe de literatura de consumo. Más o menos como comida basura. Hace una semana, mientras pasaba entre Lanzarote y Fuerteventura, recordé a Alberto Vázquez Figueroa y su trilogía 'Océano', 'Yaiza' y 'Maradentro'. Tres novelas que han dado a conocer universalmente la primera de las citadas islas, amén de la odisea que supuso la diáspora canaria. ¿Algún reconocimiento de la sesuda crítica literaria vernácula a la obra de Vázquez Figueroa? Ninguna. El símbolo al respecto es Rafael Arozarena y su infumable 'Mararía'. Novela sin pies ni cabeza pese a lo cual figura como un clásico de la literatura canaria. Los biógrafos de Arozarena citan como un gran mérito suyo haber sido traducido al alemán, rumano e italiano. Las novelas de Vázquez Figueroa han sido impresas en más de veinte lenguas; incluso algunas de las que él mismo considera malas a rabiar.

¿Y esto por qué?, se preguntarán ustedes si es que alguna vez se cuestionan algo sobre estas cosas. ¿Por qué el escritor canario más universal está oficialmente postergado mientras que el señor Arozarena, al que le reconozco su indiscutible mérito como poeta de andar por casa, figura como una de las plumas más significativas de las letras archipielágicas? Pues, porque en Canarias funciona muy bien un esquema simple pero eficaz: tú me citas a mí, yo te cito a ti, los dos hablamos del otro y ese tercero se refiere a nosotros de vez en cuando. Un tinglado que también existe en otros lugares y a otras escalas, si bien es en los territorios propicios a la endogamia por su aislamiento donde echa sus raíces más profundas. Al final, los nombres que llegan a los libros de texto, cuando ya se han impreso centenares -o incluso miles- de veces en los periódicos, no son los que debieran figurar por méritos propios sino los que han fomentado los mediocres de toda la vida.

He subido a los cerros de la literatura local no por pura divagación, aunque divagar tampoco es un vicio perjudicial, sino para ver desde cierta perspectiva esa antipatía natural que sentimos hacia el tipo de empresas mencionada al comienzo de este artículo. Animadversión también extensible a determinadas instituciones, como pueden serlo la Iglesia o la Administración, e inclusive a algunos partidos políticos cuyas ideas son legítimas pero aversivas para la ciudadanía en general. ¿Por qué?, vuelvo a preguntarme y a preguntarles.

Lo primero que aprendí cuando comencé a ejercer este oficio es que los periodistas están con pero no son de. Están con los políticos, pero no son políticos. Y con los empresarios, pero no son empresarios. Con los delincuentes, pero sin que deban ser delincuentes. Lo mismo que con los científicos, los escritores, los artistas y hasta los banqueros. Con todos los estratos de la sociedad han de mezclarse para conocer desde dentro, cuanto más internamente mejor, aquello sobre lo que luego han de informar u opinar, pero sin olvidar que no forman parte de esos estamentos.

La segunda deducción que hice fue un poco más frustrante. No pasó demasiado tiempo antes de descubrir que algunos temas podía tocarlos con total benevolencia de los lectores y de mis compañeros de oficio, otros dependía de cómo los enfocase para obtener ese favor o un colérico rechazo, mientras que un tercer conjunto de asuntos eran motivo de rechazo independientemente de cómo los abordase. Algo que sabe intuitivamente todo aprendiz -becario es el término al uso actualmente- que llega a un medio de comunicación: aquello de lo que debe ocuparse y, sobre todo, de cómo debe ocuparse para ser aceptado; al menos para no ser reprobado. Incluidos los personajes y hasta personajillos a los que debe entrevistar, pese a que cada vez que abren la boca pisotean el sabio consejo que un día dio Emerson pensando anticipadamente en todos ellos: bienaventurado el hombre que no teniendo nada que decir, no lo demuestra con sus palabras.

Esta es la razón primera y última de que leamos, oigamos o leamos tantas informaciones contra el petróleo, la subida de la luz, las deficiencias en los servicios públicos, la insoportable supervivencia del machismo, la persecución de los homosexuales -como si ser homosexual estuviese mal visto a día de hoy en España-, lo retrógrada que continúa siendo la Iglesia católica, el terco abuso de los patronos sobre sus empleados, lo malo que son los israelíes que matan a inocentes palestinos, la injusticia de expulsar a los inmigrantes ilegales y una larga lista. Temas todos ellos políticamente correctos y periodísticamente convenientes porque cuentan, de entrada, con la anuencia de un público adocenado durante años por una lluvia fina -ocasionalmente también por diluvios universales- sobre lo que debe pensar en aras a esa corrección política tan mencionada. Sin embargo, como decía Ortega refiriéndose a otras tramas, no es eso; no puede ser eso.

jueves, 31 de julio de 2014

Persona non grata

Por Antonio Sánchez García.
Miércoles, 30 Julio 2014 - 1:27am

Los cambios de paradigmas vividos en esos últimos 40 años en el mundo, y sus efectos devastadores en América Latina, son sencillamente descomunales, así muy pocos sean los que lo aprecian: lo que entonces era una dictadura, por ejemplo la de los generales del Cono Sur, ya no lo es.
Lo que era una tiranía totalitaria, como la de los hermanos Castro, tampoco. Todavía nadie sabe lo que son, obviamente: tampoco lo que era un presidente ejemplarmente democrático, como Rómulo Betancourt o un líder latinoamericanista como Raúl Haya de la Torre, son paradigmas democráticos. Después de cuarenta años no es John F. Kennedy, descendiente de la rancia estirpe de europeos libertarios como los llegados en el Mayflower,  el adalid de Occidente: es un descendiente de islamistas de proveniencia desconocida, por cuya sangre podría circular la cimitarra que conquistó Al Andalus. Ni en China manda un clásico líder del comunismo originario, como Mao Tse Tung, sino un señor anónimo, gris e imperceptible que se asemeja más a un capitán de grandes industrias y empresas que a un combatiente de la Guerra Larga.
 
Se acabaron los tiempos de socialistas elegantes, cultos, educados y llenos de idealismo, como por ejemplo el médico legista Salvador Allende, de la misma estirpe que Willy Brandt, François Mitterand u Olof Palme. O caudillos peinados a la gomina que no sudaban, como Juan Domingo Perón. Que por más desastres que causaran lo hacían como a pesar de ellos, por la tragedia impensada de los acontecimientos.
De los de ahora no se sabe ni dónde nacieron: son palurdos, incultos, groseros, bestiales y vacíos de todo valor interior.
Como Nicolás Maduro, Evo Morales o Daniel Ortega. Zafios, tragaldabas, ambiciosos por la minucia, la propina, el detalle, si bien capaces de engullirse un presupuesto nacional sin que se les irriten las cuerdas bucales. No se hable de las mujeres: caras de bobas o de viejas brujas, pero de dentelladas feroces.
Es un giro copernicano.
El siglo XX cambalache, problemático y febril de Enrique Santos Discépolo, queha dado paso al siglo XXI, satisfecho, rico hasta el hartazgo, cínico, liso, romo, carente de perfiles, pero cortante como una hojilla de afeitar. Marx es un cachivache.
Heidegger, un recogelatas, Sartre un viejo verde. Se murió la filosofía. Se murió la política, se extinguieron los estadistas. Viva la administración, vivan las encuestas, alabados sean los numeritos.
Venezuela es un parque jurásico. Se quedó entrampada en las redes de la fetidez cuartelera de una manga de desarrapados, ladrones, narcotraficantes, arribistas y negociantes.
La bandera es un trapo agujereado con el que ya ni se puede fregar el piso.
Sesiona, pues, el pleno de Mercosur. Atendido en Caracas por un ex chofer de Metrobus, un tirapiedras consuetudinario, un capitán ayer muerto de hambre que hoy se ahoga en miles de millones de dólares y una pandilla de mafiosos de quienes ninguno de ellos se acordará en 20 años, cuando el mundo, tal vez, vuelva a ser lo que un día fuera.
Total, para qué si ya da lo mismo. Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo, todos manoseados.
http://nuevaprensa.web.ve/node/20315
 

viernes, 25 de julio de 2014

MOST AMERICANS THINK THE U.S. WOULD BE BETTER GOVERNED IF MORE WOMEN WERE IN CHARGE

A NEW GALLUP POLL REVEALS THAT 63% OF AMERICANS THINK WE'D BE BETTER OFF WITH MORE FEMALE POLITICAL LEADERS.

BY 

ina Fey famously quipped on SNL in 2008 that “bitch is the new black,” asserting that the reason that Hillary Clinton was trailing Barack Obama was because of a lot of not-so-subtle misogyny.
Of course it’s not just Hillary Clinton who has faced an uphill battle; many female politicians have found themselves the subjects of questions, criticisms, and scrutiny that their male counterparts never have to face.
However, a new poll from Gallup shows that 63% of Americans say the country would be better governed with more female political leaders, which is up slightly from 57% in past polls in 1995 and 2000. But not everyone feels this way: While 78% of liberals as well as 78% of unmarried women think we need more female political leaders, only 46% of Republicans feel that having more women in office would result in better government, and almost one in five (19%) feel it would be worse.

Meanwhile, four in five Americans (81%) say the U.S. would be better governed if more people with business and management experience were in political office. Which means in theory that everyone in the tiny pool of women CEOs should run for office.
Of course, a lot goes into the public’s voting decisions, and while Americans may claim to view demographic and professional backgrounds in a certain way, their final voting decisions can be swayed by many other factors. And there’s the argument that less women than men run for public office in the first place.
Still, the proportion of women in elected offices remains staggeringly low when you consider that women make up 51% of the U.S. population: Women’s representation in both the House and the Senate hovers around 20% (there are currently 20 female U.S. senators and 79 female U.S. House members), and there are only five female state governors in office.
According to Gallup’s research however, we are at least slowly moving in a more equitable direction. “Far more women have been elected to federal or statewide office in the years since 1990,” writes Justin McCarthy in the Gallup report. Maybe next we can finally stop talking about what they are wearing.
Source: Fast Company

Kathleen Davis is the Leadership Editor at FastCompany.com. Previously, she has worked as an editor at Entrepreneur.com, WomansDay.com and Popular Photography magazine.

jueves, 24 de julio de 2014

El poder político y la necesidad del silencio

Hermoso artículo que, mediante recursos literarios, nos expone una verdad enorme. Las dos dimensiones del silencio.

A ver si dejan de haber menos brutos en el mundo

Fuente: Alfonso J. Palacios Echeverría  |  2014-07-23, El Pais de Costa Rica

Existe una costumbre antigua, muy antigua, que se ha ido perdiendo entre las brumas de los siglos pasados, y que se ahoga definitivamente hoy en día en medio de los estruendos de la vida cotidiana, en donde no existe tiempo para la meditación, la reflexión profunda, y el encuentro con uno mismo. Esta costumbre es la de saber disfrutar del silencio en algunos momentos del día y profundizar en las partes más alejadas de nuestra mente. Estamos viviendo en medio de un bullicio continuo, consciente e inconsciente, que produce la tecnología para –en cierta forma-  embrutecernos y llevarnos por el camino de la inconsciencia y el consumismo. Y también colabora en ello el bombardeo de información, veraz o manipulada, de los múltiples medios de comunicación.

Esta es una realidad. Hemos perdido el aprecio por el silencio. El silencio interior, por una parte, y el silencio exterior, por la otra, debido a la contaminación sónica e informativa. Y por ello vivimos en las capas superficiales de nosotros mismo, y algunas personas ni siquiera se llegan a conocer a sí mismas, porque nunca han entrado dentro de sí.

Sin embargo, el silencio es un arma poderosísima en el ejercicio del poder político. Sea para ocultar o para no participar en diálogos inútiles y desgastantes, promovidos por fuerzas contrarias con malas intenciones. Por ello debemos distinguir ése silencio enriquecedor a nivel personal del silencio estratégico que usa el poder. Y la forma en que los medios de comnunicación se hacen eco de los opositores de cualquier gobierno para, en aras de mantener el "rating" de audiencia, pues el escándalo vende periódicos o aumenta la audiencia.

Las personas temen permanecer aisladas del entorno social y, por este motivo, prestan una atención continua a las opiniones y comportamiento, supuestos por la mayoría, que se producen a su alrededor. Dado que las personas gustan también de ser populares y aceptadas, se expresan de acuerdo con las opiniones y comportamientos mayoritarios.

Sin embargo, hay dos tipos de opiniones y actitudes: las estáticas, concernientes a las costumbres, por ejemplo, y las cambiantes. Con respecto a las primeras, el individuo puede optar por definirse de acuerdo con ellas o, por el contrario, permanecer aislado. Con respecto a las opiniones cambiantes, el individuo debe observar con atención en qué dirección se produce el cambio. Los individuos que entienden que el cambio se produce en la misma dirección que sus propias opiniones personales, las expondrán en público, pero, al contrario, si el cambio se produce en oposición a las suyas tenderá a ser más cauto al exponerlas en presencia de otras personas. Las personas temen permanecer aisladas del entorno social y, por este motivo, prestan una atención continua a las opiniones y comportamiento, supuestos por la mayoría, que se producen a su alrededor.

Existe un gran debate acerca de saber si los medios anticipan la opinión pública o si solo la reflejan. Según algunas teorías, conviene ver a los medios como creadores de la opinión pública. Constituyen el entorno cuya presión desencadena la combatividad, la sumisión o el silencio. Los medios son el sistema que la sociedad utiliza para informarse de aquello que no pertenece a su esfera personal. Por tanto, lo que en los medios se diga sobre un asunto influye en la construcción de la opinión de los individuos sobre ese tema.

La impotencia ante los medios puede darse de dos formas:

-La gente hace cosas para captar su atención y no lo consiguen.

- Sin buscarlo, son los medios los que se encargan de sacar a la luz hechos anónimos y de exponer a una persona como chivo expiatorio para tener de qué hablar.

El conocimiento público de alguna forma legitima y da a conocer una conducta que viola normas, y sin censurarla enérgicamente la hace más adecuada socialmente, más aceptable. Todos pueden ver que esa conducta ya no aísla. Los que rompen normas sociales anhelan con frecuencia recibir las mínimas muestras de simpatía pública. Y su avidez está justificada, porque de ese modo la regla, la norma, queda debilitada. Las dos fuentes de que disponemos para obtener información sobre la distribución de las opiniones en nuestro medio son la observación de primera mano de la realidad y la observación de la realidad a través de los ojos de los medios.

Existe la posibilidad de abordar el silencio y la política, en una relación de uso o manipulación de información, cierta o falsa, para lograr algo. Por ello es que, en primer lugar  nos preguntemos: ¿qué es la política?; ¿qué implica el silencio?; ¿cómo se juega la relación entre estos dos conceptos?; ¿cómo maneja el arte los conceptos de política y silencio?; ¿cómo lo hace la historia del arte, la filosofía, la antropología, los estudios de género o el psicoanálisis?; ¿qué importancia tiene Internet en la gestión de la realidad?; ¿cuáles son las políticas de incorporación del otro?; ¿qué conceptos lleva aparejado la democracia?; ¿cuál es el papel actual del arte?; ¿cuál es el poder de la cultura?

Sabemos que estas y otras muchas preguntas no son fáciles de responder, aunque tampoco es posible evitarlas; por eso mismo se han arriesgado respuestas provisionales que atisban conclusiones o se abren hacia otros interrogantes: todo ello considerando la complejidad epistemológica que implican dichos conceptos.

Mucho se ha escrito sobre las capacidades de determinados líderes para utilizar el silencio como herramienta de comunicación. Omitir hacer comentarios hace que el político o actor pase a un segundo plano en determinadas circunstancias, de este modo puede conseguir varios objetivos:

Evitar el desgaste: En muchas ocasiones la presión mediática para que un político asista a una entrevista o responda a determinadas cuestiones pueden suponer un elemento de desgaste de su imagen pública. Evitar dicho desgaste pasa por mantenerse al margen de determinadas polémicas ajenas, en muchas ocasiones al propio dirigente.

Marcar la agenda: Dar la callada por respuesta trasmite de manera implícita que hay otros asuntos más importantes que requieren la atención de los medios, muchos de los cuales, no recogen los silencios ni las negativas de los dirigentes a responder. Así, en ocasiones, obviar un tema responde estrictamente al interés de establecer cuáles son los temas o issues a comunicar.

Evitar alimentar la polémica: En muchas ocasiones, determinados temas se enquistan y algunas preguntas se hacen con el único interés de mantener su noticiabilidad. Omitir dar respuestas a estos temas evita su retroalimentación.

Vaya por delante que la correcta gestión de estos silencios deben responder a un plan estratégico establecido con un fin comunicacional determinado y que su evaluación resulta compleja e importante, dado que los ciudadanos tienen derecho a conocer y a saber sobre determinados ámbitos de gestión. Es precisamente ahí, donde resulta complejo el determinar la idoneidad de un silencio.

¿Se entiende ahora, después de estas reflexiones, la postura del señor Presidente de la República? Los silencios sobre determinados temas podrían ser de prudencia hasta no tener información cierta sobre el estado en que encontró el aparato institucional público; una estrategia para ganar tiempo mientras la oposición se muere de las ganas por recibir señales de planes, programas o proyectos, a fin de bombardearlos desde su planteamiento; o una forma de no perder el tiempo, porque el silencio -éste tipo de silencio- es muna forma de decir: no tengo tiempo que perder en discusiones con estúpidos, fundamentalistas o envenenados. (Que a la larga resultan la misma cosa)

Hemos visto, pues, dos dimensiones del silencio: la del interior, indispensable para nuestro crecimiento espiritual e intelectual, y la del uso del mismo como instrumento del poder político. Reflexione Usted ahora. 

jueves, 28 de junio de 2012

Política de comentarios

Junio, 28, 2012
Política de comentarios, blog Cosmic Variance de Sean Carroll
Did you know that there are some blogs out there on the internet that don’t have comments at all? Amazing, but true. To us here at Cosmic Variance, comments are a crucial part of the joy of blogging, and we couldn’t imagine doing without them. Nevertheless, we get occasional visitors who don’t always “get” the whole “commenting thing,” at least as we understand and encourage it. [...]
Deep Underlying Axioms
Just like Euclid’s geometry, our comment policy is a rigorous formal system, in which an array of impressive results may be derived from just a few simple axioms. We’ll start with the Prime Directive of Blogging:
Axiom 1: This blog exists for the enjoyment of these bloggers.
This is the foremost principle to keep in mind when you are wondering why certain comments pass muster while others do not. Our blog is not a public service. We don’t get paid for it. [Update: now that we're at Discover, we do get paid a tiny amount.] It’s not our real job. It’s just a hobby that we choose to pursue, as others pursue fly fishing or watching TV. The blog is not here for you. You do not pay any fee, in return for which you have the right to expect a certain level of service. The only obligation that we as bloggers have is — well, we don’t have any obligations at all, actually. We could decide tomorrow to devote all future posts to our favorite varieties of cheese, or to elaborately detailed discussions of our continuing health problems. Whatever we want.
The purpose of the blog is to amuse us. That’s it! Anything that does not amuse us is contrary to the spirit of the blog. Admittedly, we do hope that the blog is occasionally informative or entertaining to others, as well. But ultimately, the blog is Not About You.
This one principle should really be enough to figure out everything that needs to be figured out about comments, and the blog concept more generally. But just to be absolutely metaphysically complete, we’ll make explicit two other axioms that are generally true things about life. First:
Axiom 2: It’s a big Internet out there.
Sometimes people will express the opinion that this particular web site does not quite measure up to their own personal standards. Perhaps it occasionally wanders into topics about which they have no interest, or contrariwise doesn’t devote enough air time to their pet theories. People who have had nothing to do with the creation or maintenance of this site nevertheless feel that they have the right to influence what is or is not included, or that those who do run the site have an obligation to give free rein to the visitors. Such is the Way of the Internet, as it always has been since the ancient Babylonians first began jotting helpful notes on each other’s cuneiform tablets.
So, here’s the thing: this is not the only blog on the internet. One could imagine a sensible and compelling argument that the internet as a whole should organized as a zone of free and unfettered speech. But that doesn’t mean that every individual blog is such a free-speech zone. You say that the world really needs to know more about your personal Theory of Everything that will revolutionize physics? Blogging is an excellent medium to get the word out, we agree. The good news is that you don’t have to do it via comments here — you can start your own blog for free, at sites like blogspot.com. Don’t let us hold you back! Or, you say, you are unhappy with some things we post? You don’t have to read this blog! You can read other blogs. We have a pretty good page of links that includes a whole bunch of blogs, or you could just go to Technoratiand start searching. Don’t find precisely what you are looking for? Go back a few sentences, and be inspired to start your own blog!
Really that should make everything pretty clear, but just in case there is lingering uncertainty,
Axiom 3: Life is not fair.
Your Mom told you this a long time ago, but perhaps you have forgotten. We will have reason to refer back to this axiom throughout this helpful guide.
Fundamental Theorem of Commenting
The consequences of the above axioms may be concisely summarized in the following Fundamental Theorem:
Be polite, reasonable, and constructive, or your comment might be deleted.
Given the above, it should be clear that we (think that we) have the right to delete comments that don’t conform to our strict-but-fair standards. And we will sometimes do so. What we will typically not do is to email the commenter with an apologetic explanation for the deletion, nor will we engage in elaborate comment-thread debates about whether such-and-such a comment is appropriate. We’ll just delete it and move on with our lives. That turns out to be a logical consequence of Axiom #1 above. We enjoy putting posts up on the blog, and occasionally participating in the comment threads. Stuff like making sure the site doesn’t crash, and coaxing obstreperous commenters into better behavior? Not so much. It needs to be done, but we generally minimize our effort along those lines.
You might think that just deleting comments leads to additional hassle that isn’t worth the trouble. But, experience shows, not true. When we have started deleting impolite or off-topic comments, the threads have generally brightened up almost instantly. Other blogs enjoy wallowing in free-wheeling chaos, or putting great effort into gentle moderation techniques. That’s why there is more than one blog, as per Axiom #2. Diversity is important.
Meanwhile, sometimes there will appear impolite/unreasonable/destructive comments that we will not delete. Perhaps because we are busy, or can’t be bothered, or because our judgment differs from yours. See Axiom #3 above.
We realize there may be some who find such a policy to be mean-spirited and repressive, yet who are either too technophobic or simply too busy with other important things to go about setting up their own blogs, or who feel that the setup and maintenance of a space in which they can freely opine is the obligation of the CV bloggers, not of themselves. Axiom #2 to the rescue! Here is an entire blog dedicated to those ideas that are just too dangerous or controversial or tiresome to be tolerated at CV: Cosmic Variance is Censoring Me. We feel confident that no comments will be deleted from that blog.

CARACTERÍSTICAS DEL POPULISTA

En este vídeo podrás identificar al político populista con ejemplos de la vida real en la realidad peruana que por desgracia no ha tocado vi...